«Si no estás en esta tierra te iré a buscar a la otra, te encontraré Eurídice, aunque sea lo último que haga.»
S. Orfeo — 29 de enero de 2014
Y Morfeo anuncia tu llegada con un canto de traición,
pues ha contado sobre mi santuario.
Llegas vestida para la ocasión,
con tus mantos de tinieblas y oscuridad,
y esos labios verdes que susurran sin parar
intentando neciamente llegar a mis oídos cuando a mi alma tendrías que buscar.
Y ese beso envenenado que mata cualquier mal,
desde el fuego de la desesperación
que quema el cuerpo y acaba con el ser,
hasta con las dudas de la mente por haber encontrado un nuevo amanecer.
El castigo sería para los dos,
el que me traicionó y quien me aturdió.
Aquellos que violaron mi espacio personal, y me hicieron un humano de verdad.
(Sueños raros que cortan la fiebre).
Ese lunar es mío, tú me lo has robado y puesto al otro lado. Sé que es mío pues está en el lugar en que se refleja. Tú me lo has robado, o sino está bien escondido. Y para que no se pierda en el universo, entre los delirios y las fiebres, deberías de buscarlo, aunque sea usando el tuyo.
(Delirando… de fiebre… =D)
Si supieras que cuando llegaste cruzando las tinieblas con el beso curador, te llevaste gran parte de mi corazón, escondido en el bolsón.