Nota de archivo: Esta publicación rescata y expande el apunte originalmente compartido en Facebook Notes en la madrugada del 27 de marzo de 2022, preservado hoy de forma permanente en esta bitácora independiente frente a la obsolescencia de las redes sociales.
Hay madrugadas en las que el reloj parece detenerse mientras el país entero cambia de compás. La noche del sábado 26 al domingo 27 de marzo de 2022 fue una de esas jornadas irrepetibles para quienes vivimos en El Salvador y seguimos con atención el pulso de la realidad nacional.
La vigilia de las pantallas y el asombro colectivo
Entre la proliferación de noticias de última hora, los rumores en mensajerías instantáneas y la sesión extraordinaria convocada de urgencia en la Asamblea Legislativa, la sensación térmica de esa madrugada fue una mezcla densa de estupor y expectativa. Tras un fin de semana marcado por cifras dolorosas y alarmantes de violencia homicida en las calles, la respuesta estatal se materializó en la aprobación del régimen de excepción bajo dispensa de trámite.
Desde la perspectiva de quien se forma en el oficio periodístico y habita los barrios y comunidades de este rincón centroamericano, observar cómo se redactaban y promulgaban decretos que suspendían garantías constitucionales fundamentales genera un inevitable temblor reflexivo. El Salvador entraba, sin retorno visible en ese instante, en una etapa histórica completamente distinta a las tres décadas previas de posguerra.
Crónica de las horas previas al amanecer
Mientras la mayoría de los salvadoreños aún descansaban ajenos a la velocidad de los acontecimientos oficiales, en las redes y en los círculos de comunicadores el debate era febril. ¿Qué implicaba amanecer bajo la restricción de derechos de reunión, asociación y plazos de detención administrativa? Las preguntas superaban con creces a las certezas.
«Cuando la historia se precipita de madrugada, el deber primario del cronista no es adelantarse a los juicios definitivos, sino dejar constancia fiel de las dudas, los silencios y el asombro del momento.»
El amanecer del domingo trajo un silencio particular en las calles. La rutina dominical parecía intacta en la superficie: los mercados abriendo, los buses en marcha, pero en las conversaciones bajo voz y en los intercambios familiares se sentía la gravedad de lo anunciado.
Preservar el registro frente al olvido
Escribir estas líneas en caliente aquel 27 de marzo fue un acto de necesidad personal y documental. Hoy, al rescatar este texto del baúl cerrado de Facebook para integrarlo al repositorio de El Mundo de Samuel Suiri, reafirmo la convicción de que los eventos que marcan a una generación deben quedar asentados en espacios libres, donde el algoritmo no borre la memoria de cómo se sintió el primer día de un ciclo que todavía nos acompaña.


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