La vergüenza de la casa

Samuel Eduardo Alemán Espinoza

A un año que un “niñito (mentalmente), patán, arrimado (por echar dos goles) y pelón”, haya visto salir a este loco pasadas las 8 pm, con la llave cerrada y un chorro sin amarrar; pero al volver uno a las 10 pm, se encuentra con reunión de vagos y patanes, entre otros vecinos, mientras hablan del desperdicio del agua por que la pila está llena y rebalsandose solo por una jugarreta sin gracia. Lo peor que el mentado casi completo abrió la llave principal del agua.
Durante década y ficha haciendo daños y creyéndose algo, al solo tener la mitad del colchón, adquisiciones por malas formas, varias malas goleadas y una lengua de fuego para decir mentiras, que él mismo bota, y ofensas que intentan proyectar en otro lo malo que aparenta ser.
Hacer caos, solo para loby y echarse flores… ni gracia da al recordar y su imagen se cayó sin más; por más mentiras que de otro pueda contar y la gente crédula ni llega a desestimar.


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